Los susodichos, es decir nosotros, comenzamos nuestro castigo en Morata de Tajuña camino de Ambite, uno de los extremos de la Vía Verde (el otro es Arganda), pero no llegamos hasta Ambite sino hasta el famoso pueblo de Carabaña, donde las aguas medicinales -de mal sabor, pero que limpian a uno por dentro-, esas que ya explotaban los romanos.
A mitad de camino entre Morata y Perales de Tajuña te encuentras este corte sobre la tierra. Menudo chollo la llegada del ferrocarril para los geólogos. Más adelante los constructores no hicieron lo mismo con otros cerros y tuvimos que emprender nuestra lucha contra las malditas cuestas ("¡así os convirtais en llanura!" les decía yo). Este tramo, dentro de la suavidad de las Vías Verdes, que recorren el camino de antiguas vías de ferrocarril, es el más accidentado, sobre todo cerca ya de Perales, el que nunca aparece.
Pero he aquí que apareció el pueblo de las peras:
Salimos de Perales y continuamos rumbo al próximo pueblo, Tielmes. Pero antes dejamos a un lado a un grupo de reses rumiando, cruzamos por debajo de la N-Nosecuantos -la que va para la ciudad que llaman del Turia- donde había una "peligrosa" curva, sobre todo si usas el celular para hablar con la parienta, ¿verdad Santi? jeje y luego ya dejamos a nuestra izquierda las famosas cuevas de Perales. Ahí algunos sitúan el famoso pasaje ese de Sertorio, asaltando a unos oriundos que vivían en dichas cuevas, tan bien descrito por Plutarco en Vidas Paralelas, pero vamos, no es hora de ir soltando charletos de este tipo que hay ganas ya de llegar al merendero y zamparse el bocata hasta arriba de embutido.
Camino de Tielmes te encuentras alguna que otra acequia y se da cuenta uno de la infraestructura que se está montando alrededor de eso que llaman turismo rural, menudo pedazo de hotel, con alquiler de bicicletas incluido, que han montado en lo que era un antiguo molino.
El valle camino de Carabaña se convierte en algo místico y ¡no hay cuestas! ¡lo estamos consiguiendo muchachos!
Y con Carabaña ya muy cercano llegó uno de los momentos más gloriosos de todo el día...¡hincar el diente a la manduca!, por ahí se acercó un cuadrúpedo a sacar bocado, que tras conseguirlo y comprobar el can que el resto se encontraba ya por completo en nuestros buches, se fue sin despedirse el desgraciao.
Nuestro reencuentro fue en Perales, donde encontré a Yiyo plácidamente tirado en la pradera junto a los rumiantes, tanto es así que se dejó una muñequera y tuvimos que volver al olivo donde estuvo tirado el tío para recogerla. Ahí fue donde Santi y Ocaña nos dieron alcance, para después proseguir ellos su marcha camino de Morata, donde poco antes de llegar volvimos a encontrarnos. Allí estaban esperándonos los benditos automóviles para no volver a dar ni una maldita pedalada ya en todo el día, lo siento ecologistas que por aquí paseis.
Fuera bromas sin gracia, no nos defendimos nada mal para ser nuestra primera aventura de otras tantas y tantas que están por llegar.
Esto es el inicio de una gran amistad o....todo lo contrario, nunca se sabe jaja.
